Atropellando con la paz

Gustavo Álvarez Gardeazábal

En este país cada que hemos querido organizar las cargas y poner algo de equilibrio en la inmensa disparidad con que hemos montado la estructura jurídica y social, siempre hemos tenido que atropellar, saltarnos la Constitución y buscarle salidas que algunas veces han resultado ser muy imaginativas y en las otras los cimientos de nuevas guerras.

La historia patria colombiana está plagada de esos episodios. Cuando el desgobierno cundió, el presidente Núñez salió al balcón y proclamó que la Constitución de Rionegro había dejado de existir. Cuando se terminó la guerra con el M-19 se inventaron la séptima papeleta, que la Registraduría se negó a contar, pero los alcaldes de todos los pueblos de Colombia la contabilizamos y se proclamó la Asamblea Constituyente del 91.

Ahora, atropellando con la disculpa de que la paz no tiene precio cuando se encuentra y que la paz está por encima de todo, repetimos el procedimiento ancestral del atropello. Hemos visto convertir la Mesa de Paz de La Habana en una Asamblea Constituyente protempore. Roy se inventó poderes habilitantes omnímodos para que el presidente de la nación pueda imponer la paz y nos dejamos montar un plebiscito en donde el umbral será apenas del 13% y si el gobierno lo pierde no tendría efectos.

Los santanderistas de la Corte Constitucional, que acaban de recordarle al Congreso que, si se sobrepasan, ellos los frenan, tienen en sus manos la posibilidad de mandar al cesto de la basura toda esta colección de atropellos construidos en busca de una paz que tantos anhelamos, pero que por el egoísmo y prepotencia de quienes la redactan, no dejan ni quieren que sea una paz apoyada nacionalmente, sino un pacto entre dos minorías. Amanecerá, y veremos, si la mesa queda bien servida o la desbaratan.

Publicado en ADN, junio 7 2016

eljodario@gmail.com

Posconflicto
0 Me gustas
131 Vistas
Language